Rechazar la Aerovía es de gente que ‘desinventaría’ la rueda para evitar choques

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Foto de Juan Álava: Aerovía durante sus primeras semanas en funcionamiento.

Quiero hacer un paréntesis en el abanico de explicaciones técnicas y no tan técnicas, de quienes están en contra y a favor de la Aerovía. No para denigrar a alguien, como el titular de esta opinión podría sugerir, sino para tomarnos un merecido respiro colectivo e intentar analizar los acontecimientos más allá de los números.

Y es que aunque nos encontramos en medio de una batalla campal, a la hora de evaluar los argumentos, estamos dejando uno muy importante de lado y es el de la voluntad. Voluntad para ejecutar una iniciativa arriesgada, extraña y que vista de lejos hasta podría parecer fantasiosa, pero ¿Y si no? ¿Y si la inversión hecha en la Aerovía se hubiera desparramado cual mantequilla sobre las vías tradicionales que tanto tiempo llevan esperando mantenimiento?

En aquel caso, ni nos habríamos enterado, sino fuera por la suspicacia de algún periodista al que se le haya ocurrido contrastar valores, pero ¿Atravesar el río con capsulas suspendidas? Aquello está a nivel de noticiero de televisión pagada. Y lo estamos dando por sentado con demasiada ligereza. ¿Por qué?

No existe forma de saber si la Aerovía ‘funcionará’ a largo plazo. Hay personas de destacado intelecto que afirman que no, y también hay personas, igual de brillantes, que afirman que sí. Pero la realidad es que el partido apenas acaba de iniciar y todos son ‘Mourinhos’ con el periódico del lunes.

Sin embargo, y no es por deslegitimizar los conocimientos en urbanismo y otras materias, de quienes ponen sus huevos en la canasta del ‘no’, me es inevitable simpatizar con quienes ven con buenos ojos la iniciativa. Por el simple hecho de que se trata de un paso hacia adelante, indistinto si es en la dirección correcta o no.

El proyecto Aerovía definitivamente no va a solucionar los crecientes problemas en tránsito que agobian a duraneños y guayaquileños, desde hace décadas. Tampoco es el atractivo turístico que rescatará años de olvido por varias administraciones en esta arista.

La Aerovía, poéticamente, es un puente a horizontes que todavía no logramos identificar. Que ha puesto los ojos de la novedad sobre Durán y que nos ofrece la enorme oportunidad de reanimar el turismo como lo hicieron alguna vez las lanchas. Pero nada de esto será posible si empleamos este volátil momento de atención, para desdeñar al proyecto, en lugar de intelectualizar propuestas que lo complementen y usen para el bien colectivo.

Meses atrás, antes de observar la saludable afluencia de usuarios, mis anhelos se sembraban en la autosustentabilidad. Hoy, creo que es la hora del optimismo y la inventiva. Es hora de ver a instituciones públicas y privadas, tomar la posta, sin dejar de lado al pequeño emprendedor.

Pero que no se me mal entienda. La Aerovía debe ser y será criticada, al menos en mi caso. Mas no con fines destructivos, sino para cincelarla, hasta que tome la forma que los duraneños merecemos y necesitamos. La forma de una rueda que nos lleve al futuro contra viento y sobre marea.