Berthita mantiene viva la tradición ‘fritanguera’ de Durán

0
976

Diego Castro

El sabor se extiende más allá del malecón

Hablar de Durán es hablar de fritada. Los recuerdos de las lanchas llegando al malecón a fines de la década del 80, llenas de familias ansiosas por degustar este plato típico, aún permanecen muy vívidos en la memoria de Olga Bastidas, hija de ‘Berthita’ Tapia, y heredera del restaurante ‘El Chanchito de Berthita’, que cuenta ya con más de 40 años de existencia.

 

«Fue mi abuela la que empezó a vender fritada y caldo de salchicha en el malecón del centro», cuenta Bastidas, quien como dato curioso añade que en ese entonces el local se llamaba ‘Río Guayas’.

Desde su local ubicado en la Avenida Ponce Enrique, diagonal a la icónica Estación de Trenes, recuerda con nostalgia los «buenos tiempos» del malecón, cuando la gente llegaba por distintos medios hasta las fritanguerías, instituidas como un punto turístico familiar y algo más. «Nosotros vivíamos en la parte de arriba del local. Cuando las ventas mejoraron y pudimos irnos a un lugar más cómodo, mi mami tuvo la idea de usar ese espacio que desocupamos, para reservas… No sabíamos que iba a terminar convirtiéndose en una discoteca».

Fue así, casi por accidente, que las fritanguerías empezaron a transformarse con la puesta del sol, dando rienda suelta a su lado bohemio, con música, baile y por sobre todo ‘picardía’. «Como la parte de arriba estaba apartada, era habitual que fueran parejas a pegarse sus escapadas».

El expresidente Rafael Correa, el periodista Hugo Gavilanes, Carla Sala y la desaparecida «Hechicera» Sharon, son solo algunas de las celebridades locales que engrosan la lista de clientes del ‘Chanchito de Berthita’. «Muchas veces viene gente que ha vivido varios años en el extranjero y no nos encuentra en el malecón, así que nos busca por redes».

Hoy, con dos sucursales adicionales; una en Guayaquil, entre Venezuela y Avenida del Ejército y otra, también en Durán, diagonal al malecón del centro de la ciudad, la sazón de Berthita está lejos de extinguirse, por lo que invita a las nuevas generaciones a conocer de este pedacito de tradición, que espera algún día reavive la llama del turismo duraneño.